martes, 7 de septiembre de 2021
Uy! A ver que callos piso. Ahí les va una larga y dura.
La discusión sobre inclusividad e identidad se ha extendido como reguero de pólvora por lo que finalmente me decidí a decir lo mío.
Eso sí, con el convencimiento de que habrá quien se oponga a lo que yo digo y también quien esté de acuerdo, así que no debo dejarme ofender por los que se pongan muy en contra mía o tampoco complacerme en quien pueda estar muy a mi favor.
Mi pensar es muy simple.
Yo tomo en cuenta todos esos valores y partes de la personalidad que no estén relacionadas con lo que pase en la intimidad ni mucho menos con los órganos sexuales, guácala, de quien se trate.
Eso es todo.
Me importa el ente y su estatura humana e intelectual, su calidez y empatía, su honestidad, rectitud, sinceridad, buen humor, buenas intenciones, talentos, cultura, sensatez, cordura ¡O locura!... en fin, cosas de verdad importantes.
¡No quiero saber nada de las verijas de nadie ni quiero que sus problemas con sus propias partes íntimas y maneras de relacionarse con ellas se me impongan como un problema social y público!
¿Por qué debería tenerlo? Es un asunto que no es mío. Yo no llevo las comezones ni los efluvios de mis entrepiernas a la opinión pública.
Quien no sepa lo qué es, o no le guste, no puede esperar que el mundo; o por lo menos yo, se amolde a su propia imposibilidad de amoldarse a su propio cuerpo.
Es decir que ni abanderados en los principios de libertad democrática me trago que las personas que no se sienten identificados ni como niños ni como niñas pero tampoco como homosexuales o bisexuales nos quieran imponer esa mecánica mental anómala que dice;
«Yo no los acepto, homos o heteros; ¡Ni siquiera tengo claro si me acepto yo! pero igual tienen que aceptar mis propios términos aunque ni siquiera pueda yo mismo definirlos. ¡¡De lo contrario están violentando mis derechos!!»...
¡Absurdo!
Según proclaman estas personas de autopercepción sexual borrosa, hay que obligarnos a todos los demás a modificar el mundo para que se amolde alrededor de sus conflictos de indefinición.
Exigen que se modifique el lenguaje a su satisfacción, pretenden que se obligue a crear instalaciones sanitarias especiales para que caguen y meen cada quien con los de su propia idea de «identidad» (!!!), insisten en satanizar lo claramente definido, o sea que en su forma de pensar el ser muy femenina es ser una “barbie” sometida al patriarcado y ser muy masculino es incluso peor, es ser un macho violador.
Pero no saber si fu o fa está a todo dar... según "elles"
No quieren ser catalogados de “gay” o “lesbiana” pero si esperan que estos grandes grupos los hagan fuertes en número bajo la engañosa idea de la “inclusividad”. Asunto en el que no han tratado de incorporar a colectivos no genitalizados como los invidentes o débiles visuales o los silentes.
Una cosa que caracteriza a este apartado muy definido que se escuda como parte del colectivo LGTB es su enorme irritabilidad y su violenta reactividad. Es su firma muy particular el conseguir hacerse visibles por la vía del descontento, la desobediencia civil y vistosos desplantes de tipo “manifesto”.
Es decir, en pocas palabras este colectivo inconforme con sus propias entrepiernas es totalmente opuesto a mi pensar.
Ellos insisten en que sus conflictos de su intimidad y su propia falta de identidad modelen toda la percepción y juicios de valor que todos los demás podemos hacer de ellos...
Yo pienso al revés, que lo último que debería importarnos de los demás es sus temas íntimos.
¡Y todavía les extraña que no encajan en ningún lugar!
¡No puedo ni siquiera respetar esos escándalos públicos como lo haría con una postura legítima a la que me opongo!
Es una simple tontería y berrinche de gente maleducada y en mi parecer no deberíamos hacerles el menor caso.
Aunque ni modo, son gente que comparte esta enorme nave espacial que llamamos «tierra» y nadie nos podemos bajar de ella más que de las más feas maneras, cosa que nadie quiere y por eso esto es un tema delicado, son personalidades que en uno de sus frecuentes arranques fácilmente pueden hacer tonterías.
¡Hay que tratarlos con pincitas a "les" OGTs!
Pero estoy ejerciendo mi derecho de ser muy claro y sincero en la expresión de lo que siento.
¡¡Que bueno que ya no soy un joven en edad de tener que escoger pareja entre lo que hay disponible entre las nuevas generaciones!!
Están bien dañaditos.
Entre mojigatos, pornoblogers y estos indefinidos que nos ocupan hoy queda un porcentaje muy minado de gente joven disponible sin taaantos rollos.
Y aunque nos acusan a la generación X de cochinos por la revolución sexual (Colosal cogedera, es verdad) y de percepción de género que nos tocó vivir a nosotros (y que estos modernos «elles» voluntariamente ignoran porque no les conviene reconocer) resulta que en realidad los jovencitos mismos se traen un «todos contra todos» que hasta envidia nos darían a los que vivimos los 80s si no fuera por los feos conflictos que se traen con todas estas malas mañas y delirios de mártir de la mentada «identidad».
¡¡Por no mencionar los números alucinantes en enfermedades de transmisión sexual que se están disparando a medida que los jóvenes no tienen educación sexual y si porno gratis!!
Eso sí está muy gacho pero es otra de esas horribles contradicciones de las autopistas de la información donde lo que navega a toda velocidad es justo la falta de información.
Para cerrar mi rollo. Lo que yo digo a los jóvenes con conflicto de identidad sexual es esto:
Aprendan a hacer uso de sus propios cuerpos y mentes.
Cojan con quien quieran o no cojan con nadie pero sean responsables del esfuerzo de encontrar su propia identidad y no nos culpen a todos los demás (¿Nosotros que chingaos?) si es que ustedes no lo consiguen.
Primero que nada acéptense ustedes mismos y creen su propio código de lenguaje como colectivo de sexualidad indefinida y hablen como quieran entre ustedes pero no se vengan a meter con los modos de hablar a quienes sus miedos y asquitos de si mismos no nos parecen relevantes... O peor, nos pueden parecer risibles...
Les puede salir muy mal.
Apóyense y si el dolor de sus conflictos es demasiado, recurran a profesionales de la higiene mental o la inteligencia emocional, incluso uno dentro de su mismo colectivo. Se trata de lograr la aceptación personal y la pública en vez de hacer berrinches, "osos" y desfiguros públicos que le van muy mal a su propio movimiento.
No tomen por asalto las instituciones establecidas de quienes no compartimos sus dudas de identidad. ¡Están pidiendo respeto cagándose en los demás! ¿Como creen?
Instituciones como la identidad sexual definida o la misma lengua que todos hablamos y a las que, reconozcan, ustedes rechazan tanto o hasta más de lo que se sienten rechazados por ellas.
Y no, esa aberración que ustedes llaman "lenguaje inclusivo" es algo que no voy a adoptar y además encontrarán en mí un opositor directo, no a ustedes y su búsqueda de su felicidad, cosa que respeto. Sino a que ustedes intenten que los demás repliquemos tonterías de tamaño tal como querer modificar la lengua que todos hablamos.
Y ahora sí, ya dije lo mío... ¡Dénse vuelo con el recortón!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)