viernes, 22 de noviembre de 2019

Cuento postapocalíptico

¡Cómo odiabamos a las cucarachas!...
Cuando finalmente logramos “controlarlas” ya era demasiado tarde y aún así tardamos casi dos años en darnos cuenta de la gran estupidez que habíamos cometido. No había marcha atrás para cuando descubrimos que el ser humano no puede existir en grandes concentraciones sin una biomasa equivalente en cucarachas…

¡Las creíamos capaces de sobrevivir a un apocalipsis nuclear y resulta que las exterminamos en un intento de salvar a las abejas con un insecticida milagroso que prometía no dañarlas!... Lo que resultó un total mentira. ¡Desaparecieron igual!

No entendimos que esos insectos que siempre estaban ahí donde un ser humano dejaba su huella eran en realidad nuestros más fieles aliados.

Van menos de cinco años desde que estalló la alarma al desaparecer súbitamente por quedar literalmente cubiertos de cadáveres y excrementos la población completa de las naciones más pobres. Resulta que todas esas cucarachas no “transmitían” las enfermedades. De alguna manera eran una barrera que nos protegía de enfermedades que ni siquiera sabíamos que ahí estaban esperando para exterminarnos. Una especie de venganza biológica por exterminar a nuestras simbiontes más importantes.

Hoy ya solo quedamos menos del 20% de la población del planeta entero, todos los que alguna vez fuimos las personas más privilegiadas de los países más ricos y poderosos y con recursos para contratar a los científicos que nos ayuden a sostenernos más tiempo… No sabemos si sentirnos afortunados o simplemente se nos ha castigado con el tiempo necesario para ser testigos de lo que provocamos con nuestra necesidad de “higiene”.

Además con el irónico agravante de que antes de morir entre la peor inmundicia estamos haciendo hasta lo indecible para mantenernos vivos tanto como sea posible en un planeta estéril y sobrecalentado por los gases que produce su superficie cubierta de materia orgánica en lenta “fermentación”, ya que sin insectos su degradación es exclusivamente bacterial… Y esa asquerosa masa de podredumbre llena de gases tóxicos y alcoholes es lo último de lo que se puede extraer algún nutriente… ¡Que contentos estarían los millones de pobres del planeta que ya han muerto y cuyos cuerpos hinchados y malolientes serán nuestra tumba si pudieran vernos ahora!

¡Los más ricos del planeta seremos los últimos en morir y lo último que tendremos para comer será nuestra propia mierda!...
Eso sí, no hay ni una sola asquerosa cucaracha.

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