lunes, 20 de enero de 2020

¡En los deportes televisados las pelotas más pateadas son las mías!

¡Odio desde el núcleo de mi alma a los deportes televisados!
No es grátis. Viene desde mi infancia.

A mitad de una amena tarde de convivencia con mis mejores amigos y más entrañables camaradas; súbitamente y ante estímulos tan simples como una combinación de colores o una estampita en la mochila, todos los pendejos niños se transformaban en energúmenos y se destrozaban mutuamente en discusiones imbéciles, ruptura de amistades y hasta llegaban a los puños en violentas peleas por la simple preferencia personal o la posición en una tabla de tal o cual equipo o fulano. ¡Nunca pude participar de ésta dinámica!

Esto empeoraba según avanzaban los torneos a lo largo del año hasta el punto en que los mejores amigos se juraban guerra eterna y los antes irreconciliables ahora se reunían en apretados grupúsculos de complicidad.

"Clubs" en los cuales les daba mucho por reunirse muy frecuente, sospechosamente y según ellos en "secreto" en el baño...
Eso pasaba en mis tiempos ¡De primaria! y viendo como vienen las nuevas generaciones no creo que la cosa haya cambiado nadita, nadita. ¡Y esos son gustirijillos de los que yo con la penita y el respeto que me merecen; paso!

Pero lo más feo era llegado el día del "gran" evento deportivo en turno... ¡No había nadie disponible para jugar, patinar, salir a explorar la ciudad o simplemente a haraganear por ahí!

Sobre todo si se trataba de football sucker (Así lo escribo yo)

Todos, niños y adultos, absortos en el frenético ir y venir de una horda de 22 sujetos en pantaloncillos persiguiendo una pelota durante el tiempo que les queda entre los múltiples y exageradisimos simulacros de lesión que tanto disfrutan interpretar con pésimo histrionismo.

Y yo que jamás le hallé el chiste a correr de lado a lado pateando un balón y mucho menos sentarme a ver a otros hacer tal burrada, me quedaba solo y aislado con mis libros mientras los demás niños de mi edad adoraban a sus ídolos en la tele. ("Ídolos" que además al verlos intentar hablar en entrevistas a mi parecer tenían todas las características del retraso mental)

Para empeorar las cosas cada fin de semana los adultos, supuestos modelos de conducta, secuestraban la televisión y se entregaban salvajemente al ritual de gritar enloquecidos y borrachos frente a la caja idiota entre lágrimas de emoción y mentadas de madre... ¡Me juré a mi mismo desde niño que jamás sería así!

Hoy de adulto y como músico los estúpidos eventos deportivos televisados representan para mi cancelaciones de días de trabajo, horarios que se tienen que adaptar a las duraciones de los re-contra-malditos "tiempos extras" y en el peor de los casos a ser no solo ignorado sino incluso a ser interrumpido a mitad del más sentido tema musical con los gritos desaforados de la audiencia por culpa del más desabrido y casual gol o de un maldito jonrón o un chingado touchdown con su inevitable bailecito triunfal ridículo...

¡En los deportes televisados las pelotas más pateadas son las mías!

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